No me hagas esto
La convulsión se convirtió en el gesto de un muerto, es más, el del Papa. De pronto se parecieron en la santidad embalsamada y la impavidez de los muertos maquillados de vivosLas mojarritas nos pellizcaban las plantas de los pies. Elvira preguntó por mi madre y mi hermana. De su hermano, nada, por culpa o vergüenza.
Se lo advirtió a mamá.
Tito es para muchas cosas, pero no para casarse
No le dijo, no se animó, no quiso, que lo único que conocía de su hermano era el uniforme de trabajo y el perfume de la colonia combinada con el hedor del desodorante cuando salía, llaves en mano, a encarar la tarea ridícula de repartir tarjetas en los boliches. Eso lo decía una cuñada suya que le odiaba y aprovechaba mi atención exclusiva después del colegio para contármelo todo.
La tía Elvira difundía ese rollo en un discurso mucho más piadoso, en el que mi padre era un egoísta de esos que entran a la casa a comer ravioles y se fugan por las noches a jugar bowling, aunque no era esa la época del bowling, y sí seguro la de la Cueva del rock, de donde los sacaron esposados a él y a un pelado amigo suyo.
El argumento era el universal. Cierto. Tito trabajaba todo el día y su madre le esperaba para calentar la comida que años después, cuando caminaba de Pando a casa, le negó mi abuela. Coca y Anselma tenían una diferencia que la primera creía intelectual y la segunda geográfica: una quería a mi padre, la otra lo despreciaba.
Supongo que el hecho de que papá sea casi negro no ayudó. Coca es de lo más estimulante y racista sin reparos en el cultivo de esas cualidades: tiene pánico a los cambios del tiempo (no los propios, sino los publicados en el diario), aunque toma el té con sus amigos homosexuales y habla y aconseja sobre cuestiones afectivas y romances no correspondidos.
-Esa pardita que conduce en canal 4 es divina
El péndulo que regula todas las relaciones familiares es un manual de instrucciones para sobrevivir a las mías. Una parte estuvo siempre y la otra es una anécdota.
Coca es vieja desde que la conozco pero me convencí hace unos días mirándola de frente, una mañana que la estufa de cuarzo le iluminaba la frente arrugada. Los huesos de la cara, el maxilar inferior, los dientes, el labio rosa viejo, se sacudían descontrolados cuando dormía hundida bajo los acolchados. La convulsión se convirtió en el gesto de un muerto, es más, el del Papa. De pronto se parecieron en la santidad embalsamada y la impavidez de los muertos maquillados de vivos. La desperté con un golpe en el hombro, está sorda, y abrió los ojos hinchados y los brazos friítos para despedirme. Tan generosa en un abrazo y mezquina con casi cualquier otro ser humano.
La despedida con la tía Elvira fue parecida. Pero no me abrazó, sino que mientras descansaba dentro del agua termal y se dormía recostada sobre uno de los lados de la piscina
(fingía alivio aunque sabía que el cáncer y las aguas minerales no tienen ninguna relación).
-Cuándo te vas
-En cinco días
-Tengo que escribir las cartas
la mía era para leer en el ómnibus.
La última noche agregó al sobre un Mickey Mouse y un conjunto de ropa interior de encaje negro para hacerme olvidar la primera noche, cuando chillaba como un perro y mi primo la aliviaba con un inyectable, en una esquina de la habitación inmunda de olor a muertos (ahora lo sé). La hija lloraba y le rogaba
-No me hagas esto.
La manía de acercarse tanto al sufrimiento ajeno que se mete en el cuerpo como propio.
Perdí las tres cartas que me escribió. Como con Anselma, tengo que concentrarme un rato para ver los trazos de ese recuerdo. Los de Elvira eran torcidos, sobre papel cuadriculado y viejo, casi quejidos.
Quince días después llegó la noticia. Se la contaron a papá que volvió a Córdoba para siempre después de llorar en el umbral de la puerta de la cocina como no lloró nunca. Ni cuando se quemó las manos con el motor defectuoso de una heladera que no sabía reparar o perdió el campeonato nacional de bowling. Para los que dicen que es egoísta y tienen razón, papá se cagó en la paradoja, demoró un segundo en irse y otro en acostarse durante un mes en la cama del hospital junto a su hermana.
Y fue el único que no pidió que no le hiciera eso.
Comentarios (0) - Referencias (0)