Salvavidas
Gesticulaba desde un sillón, en calzoncillos, el pelo sucio y la baba, que se escapaba de las comisuras de los labios en gotas densas, se acercó hasta la chica. Le pedía que se acercara, que le acompañara: Vení, vení.En Fraile Muerto los niños no quieren nacer. Justo hoy viniste, le reclamó la Abuela a la entrevistadora. Mi nieto de 26 días murió hoy. Un rato más tarde la chica descubrió que el bebé no vivió, sino que debió nacer 26 días antes de la cesárea que lo rescató muerto del útero.
Aún en Fraile Muerto, algunos se arreglan para nacer. Tiene inteligencia marginal, dice la Madre del Hijo. Él está entretenido en la muchacha que entrevista a su familia para dotarles con la ayuda del Plan de emergencia. Gesticulaba desde un sillón, en calzoncillos, el pelo sucio y la baba, que se escapaba de las comisuras de los labios en gotas densas, se acercó hasta la chica. Le pedía que se acercara, que le acompañara: Vení, vení. Ella -voluntaria de la universidad, chaleco blanco de plástico impermeable, como los de la Cruz Roja-, no debía mirarle. Pero en el balbuceo del chico había una urgencia que la perturbó. Escuchó clarito y fuerte el pedido de la Voz. Y supo que llegó al rancho en Fraile Muerto para salvar a la Madre y al Hijo de la miseria y la soledad. Quizá de la muerte.
Se entretuvo demasiado con esa misión que no sería la suya. Tanto que se enfrió el café rancio y el Hijo se había alejado, decepcionado, hasta el pasillo. Además de conocer los detalles de la situación civil de toda la familia, la voluntaria tenía que chequear el estado del techo, el piso y las esquinas. Húmedo, anotó. Como la cabeza del chico. Detrás de la Madre, el Hijo hundía su cabeza en un balde. El submarino duraba unos segundos. Cuando no aguantaba más la respiración, levantaba la cabeza con placer. Como en los anuncios de shampoo. En el envión, la cabeza llegaba a la pared donde el cráneo retumbaba. Toc. Toc. Toc. La Madre explicó. Ya te dije, tiene inteligencia marginal. Nació así.
La entrevista se extendió. La Madre merecía los 1300 pesos que le daría el gobierno durante dos años. Las preguntas terminaron con el último golpe de la cabeza del chico. Entonces la Madre se levantó como si fuera a buscar más café. Salió de la casa y recuperó al adolescente medio desmayado. Lo trajo arropado en una toalla como a un niño. No miró más a la chica. Se tiró en el sillón junto a él. Lo meció hasta escuchar sus ronquidos.
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